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Artículos en ‘juegos’

Después de las largas y frías tardes de invierno los niños están deseando salir a jugar fuera de casa ahora que empiezan a llegar los primeros rayos de sol.
El juego Golfy de la firma Djeco resulta perfecto para salir a jugar fuera, pero también lo es para jugar dentro de casa los días que todavía hace frío. Con este juego de mini golf los pequeños podrán crear sus propios circuitos de obstáculos que tendrán que superar con las canicas. Está compuesto por 6 obstáculos de plástico de diferentes y llamativos colores, y cada uno de ellos lleva un número que indica el orden en que los niños tendrán que ir superando los obstáculos con las canicas que también incluye. En este juego pueden participar de 1 a 6 jugadores y se puede transportar fácilmente ya que incluye una práctica bolsa de playa.
Con Golfy de Djeco se fomenta la imaginación y la creatividad, ayuda a mejorar la habilidad manual, la precisión y la coordinación ojo-mano, favorece la orientación y la percepción espacial, desarrolla la capacidad estratégica y fomenta la actividad social y la expresión verbal y de emociones.

El juego es uno de los momentos más placenteros de la vida de los niños, y le debemos permiten que jueguen. Cuanto más juegen mejor, porque el juego no es sólo diversión.
Te damos 10 buenas razones por las que los niños deben jugar:
- Les ayuda a tener un conocimiento de ellos mismos y de su entorno, tanto físico como social.
- Despierta su curiosidad y aumenta su nivel de atención.
- Fomenta su autoestima, el autocontrol y su escala de valores.
- Activa y mejora la creatividad y la imaginación
- Facilita la comprensión del funcionamiento de las cosas, de las relaciones entre personas y les permite probar roles nuevos.
- Desarrolla la percepción, el movimiento, la fuerza muscular y la coordinación.
- Proporciona recursos eficaces para perfecionar el lenguaje y la comunicación social.
- Permite integrar destrezas físicas, sociales, cognitivas y del lenguaje.
- Estimula la facultad de pensar y de resolver problemas.
- Invita a aprender y practicar habilidades sociales importantes como compartir, negociar y cooperar.
Fuente: Juguetes que molan

No soy un dinosaurio. Ni siquiera he llegado a las cuatro décadas. Pero hay ciertas cosas a las que no logro acostumbrarme.
No es que pretenda que el mundo no avance o no evolucione, pero en realidad, me parece que va demasiado rápido. Aún no he aprendido a descifrar los trucos del Family Game y sé que algún día alcanzaré la final del Tehkan World Cup, a pesar de mi pobre destreza para los videojuegos. De todas formas, no me desalienta esa ineptitud para los juegos desarrollados en bits. De hecho, considero que he avanzado mucho en el desafiante y novedoso Arkanoi. Ya voy por el nivel 12 de los arduos 33 por lo que ya disfruto las mieles del triunfo. Otro de los juegos que me permite decir que soy un campeón sin pecar de vanidoso, es el Tetris. ¡Ese videojuego de puzzle ruso sí que me ha hecho trabajar! Acomodar todas esas figuras geométricas no me ha resultado sencillo ni mucho menos. Pero lo he conseguido, casi a la perfección. Puedo estar horas acomodando piezas que ya no se me forman esas interminables pilas. Y todo, se lo debo a mi última adquisición, una flamante Commodore 64.
¡Puff! ¡Qué máquina! ¡Qué velocidad! Pero hubo un juego que me marcó. Un juego lejano de los bits y de las máquinas arcade, que sin dudas ha contribuido a mi desarrollo intelectual. El Simon. Considerado más un juguete que un juego, el Simon medía nuestra capacidad para memorizar una secuencia de eventos; en este caso colores y sonidos. Se iluminaba un color y luego otro, teniendo que seguir la sucesión hasta alcanzar el máximo posible a medida que aumentaba la velocidad. Todavía lo conservo como un tesoro, que seguramente, heredarán mis hijas. Aunque claro, los tiempos y los juegos han cambiado.
Conoce más profundamente el Super Simons
Escrito por Amauri Baroja
