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Artículos en ‘niños’

Se acercan las vacaciones de Navidad, fechas en las que los traslados para compartir las fiestas son casi inevitables.
Como es más que probable que viajemos en el coche con los niños es importante recordar que nosotros somos los responsables de su seguridad y que de nosotros depende de que en caso de accidente nuestros pequeños resulten lo mejor parados posible.
En lo que va de año, al menos 40 niños de los fallecidos en accidentes de tráfico no utilizaba ningún sistema de retención, si lo hubieran hecho la cifra hubiera sido un 75% más baja, quizá ese sea el motivo de la nueva campaña que ha lanzado la DGT cuyo eslogan es : “Para hacerle daño a un niño no hace falta ponerle la mano encima, basta con no ponerle el cinturón”
Cuando vayamos a viajar con los pequeños la mejor forma de colocar sus sillas es en los asientos de atrás y en sentido contrario al de la circulación, de este modo se minimiza el impacto frontal, y a ser posible en el asiento del centro.
En el Blog de la Autoescuela podréis encontrar una completa tabla con los distintos métodos de sujeción para los niños en función a su edad y analiza sus ventajas e inconvenientes.

Sin dudas, uno de los temas más difíciles de abordar con los niños pequeños es la cuestión de la muerte.
Que una criaturita logre discernir los contrastes de la vida y la muerte sin que esto signifique algo doloroso o traumático, es una tarea en la que debemos poner toda nuestra sensibilidad y el máximo cuidado. Soy de los que piensan que a los pequeños hay que hablarles con las palabras exactas y sin vueltas, respetando lógicamente, un lenguaje maduro e infantil al mismo tiempo, sin cargar los discursos de palabrerías llenas de onomatopeyas, muchas veces incomprensibles, incluso para nuestros propios hijos, y que sólo tienden a confundir y extender en el tiempo sus problemas de dicción, modulación, etc.
Por ejemplo, decir guau- guau en lugar de perro no sólo no aporta absolutamente nada al vocabulario de mi hija Catalina, sino que además me convierte en un grandullón todavía más ridículo. Creo que, llamar a las cosas por su nombre, les enseñará a valorar el verdadero sentido del idioma y aprenderán a hablar más rápido y mejor. Sin embargo, no he tenido oportunidad de hablarle a mi hija de las cosas referidas a la muerte.
Afortunadamente, últimamente, no tuve parientes que hayan fallecido, como para darme la oportunidad de iniciar a una conversación, casi vital diría, sobre el tema. Sólo recuerdo el deceso de algún pariente lejano, de relación muy distante y de intrincado lazo sanguíneo, que no merecía ilustrar a la Cata. Creo que el único contacto que mi hija tuvo con la muerte, fue aquel día donde simulé estar muerto sólo para que dejara de hablar y duermiera al fin su siesta, pero nada más. Estoy seguro que eso no fue suficiente. Pese a eso, ayer a la tarde, al preguntarle a mi hija qué hacía su muñeco Barney durmiendo en el sillón, Catalina me respondió con absoluta naturalidad: ¡Papá, no está durmiendo, Barney está muerto!
